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Jardilino: “Nada es más importante que la formación docente”

24/02/2026
Con una mirada crítica sobre la escuela actual, el Dr. José Rubens Lima Jardilino —profesor del Departamento de Educação en la Universidade Federal de Ouro Preto (Brasil)— defendió la formación integral y la revalorización profunda de los maestros.

*Foto tomada de 42.ª ANPEd & WERA 2025

Tras décadas de estudio e investigación en el campo de la formación latinoamericana, el Dr. José Rubens Lima Jardilino reflexionó sobre el rumbo que han tomado los sistemas educativos de la región.

En diálogo con la tradición pedagógica latinoamericana —y especialmente con el legado de José Pedro Varela—, el profesor del Departamento de Educação en la Universidade Federal de Ouro Preto (Brasil) advirtió sobre los riesgos de una educación cada vez más estandarizada y orientada al mercado, en detrimento de la formación integral de las personas.

Desde esa perspectiva, planteó que el desafío es profundamente humano: repensar qué tipo de ciudadanos se busca formar y qué lugar ocupa el maestro en ese proyecto.

El legado de José Pedro Varela

Hace más de treinta años, José Rubens Lima Jardilino llegó a Montevideo con una inquietud poco habitual en el campo educativo brasileño: ahondar en la obra de un pensador latinoamericano. Mientras en su país se analizaban con detalle autores ingleses, franceses o estadounidenses, casi no se abordaba el pensamiento educativo regional.

Esa ausencia lo llevó a recorrer bibliotecas, investigar a Simón Rodríguez, José Martí, Domingo Faustino Sarmiento y, especialmente, a José Pedro Varela.

* José Pedro Varela<br> Foto tomada de Ministerio de Educación y Cultura (Uruguay)

En la biblioteca del Museo Pedagógico pasó largas horas leyendo, analizando y sintetizando el trabajo de Varela. Además de desarrollar un curso para estudiantes doctorales, lo invitaron a realizar una colección de libros sobre la temática, destinada a que profesores y maestros brasileños conocieran la concepción educativa latinoamericana.

“Fue muy importante, porque nosotros nunca estudiábamos lo latinoamericano en el campo educativo”, recordó. Desde entonces, su vínculo con Uruguay y con la tradición pedagógica regional no se interrumpió.

Una ola que vino desde afuera

Con una trayectoria consolidada en el estudio del derecho a la educación y la formación docente en América Latina, Jardilino evitó las comparaciones simplistas entre países. Sin embargo, identificó una tendencia común: los sistemas educativos latinoamericanos han sido atravesados por dinámicas globales que priorizaron la estandarización.

“Estamos involucrados en un pensamiento educativo que viene desde afuera, como una ola que llega hasta nosotros”, afirmó. Esa ola —impulsada fundamentalmente por organismos internacionales—, a su entender, produjo sistemas semejantes, desde México a Uruguay.

Hoy tenemos una gran deuda con la formación de los hijos, humanamente hablando.

¿Qué ciudadano queremos formar?

Una de las preguntas centrales que atravesó la reflexión de Jardilino fue la misma que, según señaló, se formuló Varela en el siglo XIX: ¿qué tipo de ciudadano se desea formar?

El problema actual, para él, es que la formación está orientada al “para”: formar para el mercado, para la tecnología, para determinadas competencias.

*Jardilino durante su visita a la Universidad ORT Uruguay, en noviembre de 2026

De acuerdo con el académico, la escuela se alejó de una concepción ontológica de la educación, orientada a formar integralmente a la persona. Y las demandas externas —económicas, productivas, tecnológicas— terminan dirigiendo qué y cómo se enseña. “Formamos con tal competencia, con tal habilidad, con tal forma… pero no formamos a la persona”, enfatizó.

Hay una idea de formar para el desarrollo económico y social, y no una formación del hombre en sí.

Jardilino recordó cuando le contó a su padre que quería estudiar filosofía. “¿Es posible sostener una familia siendo filósofo?”, le preguntó su padre. No tenía certezas, pero sí el deseo de intentarlo.

La anécdota revela una tensión persistente: la necesidad de un empleo “no puede anular la formación total e integral”, sobre todo en la educación básica.

Aunque no le restó importancia a la educación profesional, su preocupación radica en que actualmente se “forma para el trabajo”. A su juicio, el gran desafío de esta generación consiste en superar la “tendencia del tecnicismo” y recuperar el sentido profundo de educar. ¿Cómo? “Formando personas y no trabajadores”, respondió.

La formación docente: una deuda persistente

“Hoy nada, absolutamente nada, es más importante que la formación docente”, aseguró Jardilino. A pesar de que los discursos políticos suelen repetir dicha idea, consideró que, muchas veces, son palabras que terminan vacías de contenido.

“La gran preocupación nuestra debería ser la formación. Entretanto, lo que reciben nuestros maestros hoy es una formación estandarizada”, complementó.

El problema no es reciente: arrastra siglos y aún no ha sido resuelto. Y, sumado a ello, desde el siglo XVIII, los maestros “nunca fueron debidamente valorados”.

La valorización del maestro es necesaria para tener una sociedad diferente.


Por lo que su anhelo es que los sistemas escolares y la política educativa reconozcan realmente el valor del maestro, de su hacer, de su rol y de su formación. Más allá del reconocimiento social, político y económico, esa sería “la gran transformación educativa”.

Utopía para los nietos

Si Jardilino pudiera soñar y cerrar los ojos, ¿cómo sería la educación de sus nietos? “Yo no soy muy soñador”, advirtió, aunque dijo tener “más utopía que esperanza”.

“Mi deseo es un mundo diferente”, precisó. No un mundo que no tenga cambios tecnológicos —porque eso es lo “natural”—, pero sí un mundo en que los niños tengan el derecho y la posibilidad de “jugar y ser niños”.

“Mi nieto estudia todos los días, en todo momento, no tiene tiempo para jugar. Y que un niño de 8 años no pueda jugar es una pérdida”, sentenció.

*Jardilino durante su visita a la Universidad ORT Uruguay, en noviembre de 2026

El profesor de la Universidade Federal de Ouro Preto recuperó la idea de Lev Vygotski de que se aprende en todo momento y de múltiples maneras. No obstante, lamentó que hoy la escuela se convirtió en una “máquina de triturar personas”.

“Las personas, todas diferentes, entran a una caja que es la formación. Cuando salen, están todos formados e igualitos”, puntualizó. En contrapartida, para él, la escuela debe ser un espacio de aprendizaje colectivo para “formar diferentes personas”.

“Yo quisiera que mis nietos no tuvieran estándares para aprender. Que aprendieran con la vida, y que la escuela acompañara su movimiento y desarrollo”, añadió.

Soy muy favorable a la escuela, no creo en una sociedad sin escuela. No es posible; tiene que haber escuela. Pero la escuela tiene que cambiar.

Jardilino tiene la ilusión de que se produzcan algunos cambios. “Yo quisiera una escuela diferente para mis nietos: que formase personas solidarias y con derechos”. En concreto, una formación para la vida y no para el servicio de otros, atravesada por “mucha ética y muchas relaciones de aprendizaje”.