Testimonio

Un viaje hacia el conocimiento

Fecha: 12/12/2018

¿Por qué estudiar un Doctorado se puede comparar con la experiencia de realizar un viaje? Mariela Questa Torterolo, docente y graduada del Instituto de Educación, lo explicó luego de obtener su Doctorado en Educación con la calificación de sobresaliente cum laude.

Mariela Questa Torterolo con sus directores de tesis: David Rodríguez Gómez –profesor visitante del Instituto de Educación y docente de la Universidad Autónoma de Barcelona– y Julio Meneses –docente e investigador de la Universitat Oberta de Catalunya–. Foto: Mario Maneyro.

La “metáfora del viaje”, para Mariela Questa Torterolo, es una de las mejores formas de describir el proceso de realizar un Doctorado. Pero el suyo fue un viaje literal, tanto por los kilómetros andados, como por el camino transitado.

Durante el 2016, Questa Torterolo recorrió a lo largo y a lo ancho el departamento de Colonia, para realizar el trabajo de campo. En octubre de 2018, se tomó un avión para defender su tesis doctoral, titulada: “Colaboración docente y usos de las TIC en los centros educativos de Uruguay. Estudio de casos múltiples en el contexto del Plan Ceibal”.

Fue un viaje largo y cansador, que tuvo sus obstáculos. No fue un trayecto “llano” y, muchas veces, “la mochila pesaba de más”. Así lo indicó en los agradecimientos de su tesis. Sin embargo, luego de cuatro años de trabajo y de esfuerzo lo logró.

El viaje llegó a su fin: la docente y graduada del Instituto de Educación de la Universidad ORT Uruguay obtuvo su Doctorado en Educación en la Universidad Autónoma de Barcelona con la calificación de sobresaliente cum laude.

¿Qué es la colaboración docente?

¿Los docentes uruguayos colaboran entre sí? ¿De qué forma? ¿Utilizan la tecnología para dicho fin? Esas fueron algunas de las preguntas que se planteó Questa Torterolo en su tesis doctoral. Se trató de una investigación que exploró las formas de colaboración docente, mediada por la tecnología, en cuatro escuelas primarias y en cuatro centros de enseñanza secundaria del departamento de Colonia, Uruguay.

“Del mismo modo que la investigación no puede concebirse como un desarrollo en solitario, la docencia no puede pensarse sino como un juego de equipo”.

“Lo más impactante de este estudio es que los docentes no tienen claro qué es colaborar. La academia tampoco”, aseguró Questa Torterolo. Si bien los participantes del estudio le decían que colaboraban, al momento de analizar sus prácticas, cada docente le asignaba un significado diferente.

Llevar a cabo una investigación sobre una temática en la que no hay consenso, para la docente, fue un gran desafío. “Esa falta de acuerdo, esa vaguedad conceptual por parte de la academia, se instala en los docentes”, recalcó.

No hay una definición clara y unívoca. De acuerdo a la revisión de 40 años de bibliografía, llegó a la conclusión que la colaboración puede ser considerada una “interacción significativa”, donde los docentes establecen metas y objetivos comunes orientados a la enseñanza.

No implica únicamente compartir materiales. Es una forma de trabajo, cuya clave está en llevar un registro adecuado de las prácticas docentes, en la reflexión a nivel de equipos, así como en la organización de los conocimientos generados para la difusión.

“El desarrollo del capital profesional docente es un requisito sine qua non para cambiar la educación. Aprovechando la tecnología, los docentes uruguayos pueden desarrollar un trabajo en red entre los centros. También generar un acumulado de conocimiento, que favorezca el aprendizaje de los estudiantes en todos los contextos educativos”.

La tecnología, una herramienta “ineludible”

“En los centros estudiados, poco se utiliza la tecnología para la colaboración docente”, afirmó Questa Torterolo. De hecho, agregó que, en la mayoría de los casos, la implementación de la tecnología es vista como “una opción personal”.

Según la información que recolectó, las aplicaciones de mensajería instantánea son las herramientas más utilizadas por los docentes. Fundamentalmente, para coordinar cuestiones administrativas.

La razón, para ella, está en que los docentes utilizan las aplicaciones que les son más familiares y prácticas –como por ejemplo Whatsapp–, ya que aprender a utilizar herramientas nuevas les implica tiempo extra y muchos de ellos no lo tienen.

En algunas escuelas también utilizan documentos compartidos en la nube para la realización de proyectos. En los liceos, además de la mensajería instantánea, hacen uso del correo electrónico.

“El trabajo aislado no le sirve a los docentes y tampoco a los centros. Aprender con el otro debe ser la premisa para una nueva revolución educativo-tecnológica”.

A juicio de la docente, la tecnología es “una herramienta de uso ineludible”, que debe potenciar el trabajo de los profesores: “No basta con pasar la lista en un dispositivo o hacer una evaluación en línea. Hay que sacarle provecho a las innumerables aplicaciones disponibles y al conocimiento en circulación”.

El papel de la colaboración docente

Si bien Questa Torterolo detalló que es importante que los docentes se animen a utilizar la tecnología para colaborar, admitió que no es fácil. Son escasos los casos de colaboración efectiva que encontró y muchos menos aquellos que lo hacen a través de la tecnología, lo cual –en sus palabras– fue “una pena”.

“Los últimos estudios que se realizaron en los lugares que están experimentando un ‘despegue en educación’ –como Finlandia, Singapur o Shanghái– muestran que la clave es la colaboración entre los docentes”, destacó. Los docentes que colaboran muestran una mayor satisfacción con el trabajo, así como un alto grado de percepción de eficacia.

“Existe toda una gama de posibles acciones para mejorar la colaboración y potenciarla con el uso de la tecnología pero, en definitiva, hay que cambiar la mentalidad docente, un aspecto que se puede modificar principalmente desde la formación inicial”.

A pesar de que señaló que su investigación es “exploratoria, descriptiva y acotada en lo territorial”, en su opinión, los hallazgos más importantes “son los que están por encontrarse”. “La investigación deja abierta la puerta a futuros estudios sobre el tema porque, en general, no existen demasiadas investigaciones sobre la colaboración docente y a la tecnología”, precisó.

Aprender como una actitud de vida

“Seguir estudiando es inevitable”, aseguró Questa Torterolo, quien agregó que el aprendizaje en sí mismo, para ella, ha sido “una motivación tanto para lograr un conocimiento nuevo como una habilidad”.

“Me encanta la idea de buscar información, leer y cuestionar el status quo. Intentar entender por qué ciertas cosas en educación se hacen de determinado modo y explorar explicaciones para rescatar lo que es favorable. Pero, sobre todo, proponer nuevas ideas para generar un cambio donde se necesita”.

Pero, ¿qué la impulsó a realizar un postgrado? A la docente le pareció “interesante y necesario” ampliar su formación en el ámbito de la gestión educativa. Así decidió realizar el Master en Gestión Educativa en la Universidad ORT Uruguay, el cual la acercó a “herramientas y modelos de aprendizaje en los que hasta el momento no había incursionado”.

“Durante la maestría –y gracias a todos los docentes que aportaron su saber– me empecé a interesar por el ámbito de la metodología de la investigación y a preocuparme por aquellos aspectos educativos que suelen ser poco investigados”, contó.

Cuando fue convocada en 2014 para trabajar como docente en el Instituto de Educación, tuvo una especie de “epifanía”: “Esa oportunidad fue un clic para mí, para decidirme a hacer el Doctorado en Educación en la Universidad Autónoma de Barcelona, que empecé ese mismo año”. “En la ORT comprendí realmente a dónde quería llegar en lo profesional”, agregó.

“Embarcarse en la realización de estudios de Doctorado es un desafío muy importante que hay que sostener a lo largo de tres o cuatro años, sin perder el entusiasmo. Implica enfrentarse a uno mismo, empujando los límites del rendimiento, de la reflexión, de la capacidad de compromiso con el estudio”.

Hacer el Doctorado le permitió adquirir mayores conocimientos sobre metodología de la investigación, aplicaciones para el manejo de datos y de bibliografía, así como recursos de acceso abierto.

Habilidades que, en sus palabras, permiten realizar una investigación rigurosa y de calidad: “En definitiva es una de las cuestiones más importantes: investigar bien e investigar sobre temas trascendentes para la educación”.

Luego de la defensa, con sus directores de tesis y con los miembros del tribual. De izquierda a derecha: Julio Meneses –director de tesis–, Guillermo Bautista –profesor de la Universitat Oberta de Catalunya–, Juan Torres Gordillo –docente e investigador de la Universidad de Sevilla–, Mariela Questa Torterolo, Joaquín Gairín –catedrático de Didáctica y Organización Escolar en la Universidad Autónoma de Barcelona y profesor visitante del Instituto de Educación de la Universidad ORT Uruguay– y David Rodríguez Gómez –director de tesis–. Foto: Mario Maneyro.