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PISA 2025: qué es y cuál es su impacto para las nuevas generaciones

¿Qué revela PISA sobre la educación y los aprendizajes de los jóvenes? A partir de los datos de 2025, el artículo explica su alcance y analiza las tendencias globales, al tiempo que profundiza sobre la participación de Uruguay y acerca de algunos desafíos educativos de las nuevas generaciones.

Manos realizando una evalaución

¿Qué es y qué evalúa PISA?

La evaluación del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés) es una iniciativa de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que se implementa desde el año 2000, con una periodicidad de tres años.

Su objetivo fundamental es evaluar en qué medida los estudiantes de 15 años han adquirido los conocimientos y las competencias consideradas esenciales para su participación en la vida social y económica. No se trata solamente de determinar si pueden reproducir lo aprendido, sino de analizar si están preparados para extrapolar esos aprendizajes y aplicarlos a situaciones reales.

Cinco características centrales de PISA

Una primera característica es que PISA relaciona los resultados de aprendizaje con información sobre múltiples factores asociados a ellos. Considera aspectos de los sistemas educativos y los centros de enseñanza, pero también variables culturales, socioeconómicas y familiares.

La triangulación de perspectivas y datos permite analizar qué factores se vinculan con los aprendizajes e identificar características de estudiantes, centros y sistemas educativos que alcanzan determinados resultados. Esta información constituye un insumo para el análisis y el desarrollo de políticas educativas, particularmente en relación con la calidad y la equidad de los aprendizajes.

Una segunda característica es su enfoque basado en competencias. PISA procura establecer en qué medida los estudiantes pueden identificar, interpretar y resolver problemas ante diversas situaciones desafiantes. Sus resultados no constituyen, en sentido estricto, una evaluación integral del estado de la educación de un país, de su currículo (en qué se educa) o de su pedagogía (cómo se hace). Sin embargo, proporciona indicios relevantes acerca de si los estudiantes desarrollan y aplican los saberes y las habilidades necesarias para actuar competentemente ante diferentes tipos de desafíos.

En tercer lugar, PISA indaga sobre las creencias, las actitudes, las motivaciones y las estrategias de aprendizaje. Estas dimensiones ayudan a comprender qué condiciones y procesos educativos pueden favorecer conocimientos más significativos y capaces de sostenerse a lo largo del tiempo.

Estudiante en una clase
Una cuarta característica es la continuidad de la evaluación. Las sucesivas ediciones realizadas durante un cuarto de siglo ofrecen una referencia para observar la evolución de los aprendizajes a lo largo del tiempo.

Por último, se destaca su amplitud internacional. La participación de sistemas educativos de diferentes regiones permite comparar tendencias y analizar los resultados desde una perspectiva internacional.

La evaluación 2025 de PISA se aplicó a más de 760.000 estudiantes en 91 países, que representaron alrededor de 33 millones de participantes.

¿Qué entiende PISA por competencias?

El enfoque de PISA considera que una competencia supone la capacidad de los estudiantes para integrar conocimientos, habilidades, actitudes, valores y emociones, con el fin de responder a demandas complejas en diferentes contextos.

Las competencias específicas en cada una de las cuatro áreas fundamentales de PISA son:

  • Ciencias: la capacidad de involucrarse con cuestiones relacionadas con la ciencia y utilizar conocimientos científicos para interpretar fenómenos y tomar decisiones informadas. Al constituir la ciencia el foco principal de la evaluación en 2025, se realizaron más preguntas y bloques de pruebas que en las demás áreas.
  • Matemática: la capacidad de razonar matemáticamente y formular, emplear e interpretar las matemáticas para resolver problemas en diversos contextos de la vida real.
  • Lectura: la capacidad de comprender, utilizar, evaluar y reflexionar sobre textos para alcanzar objetivos, desarrollar conocimientos y participar en la sociedad.
  • Aprendizaje en el mundo digital: la capacidad de participar en procesos iterativos y autorregulados de construcción de conocimiento y resolución de problemas mediante herramientas y prácticas computacionales.

En PISA, cada estudiante es evaluado según una escala de seis niveles, de menor a mayor desempeño, que evidencia el grado en que el estudiante desarrolla la competencia en el área de aprendizaje considerado.

La participación de Uruguay en PISA

Uruguay participa de PISA desde 2003 y completó en 2025 su octavo ciclo de evaluación. La continuidad a través de distintas administraciones de gobierno ha permitido acumular información comparable a escala nacional, regional e internacional sobre los estudiantes de 15 años.

Mapa de América Latina, con foco en Uruguay

En términos generales, la evaluación de PISA es vista como un insumo relevante para informar los diálogos políticos y técnicos sobre la educación, así como contribuir al direccionamiento, desarrollo y evaluación de políticas y programas con foco en la educación media.

A lo largo del tiempo se ha ido generando consenso sobre el valor de PISA como una referencia ineludible, que contribuye a analizar el estado de la educación en Uruguay.

El Programa PISA-Uruguay de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) presentó, en setiembre de 2026, los resultados nacionales, en el documento “Uruguay en PISA 2025. Reporte ejecutivo”. Según informa, la edición PISA 2025 cubrió a un total de 6.500 estudiantes de educación media de 15 años, pertenecientes a 225 centros educativos de todo el país.

Participaron 132 liceos públicos, 52 escuelas técnicas o agrarias, 38 liceos privados y 3 escuelas de primaria con 7.º, 8.º y 9.º grados. Asimismo, las tasas de respuestas de centros educativos y estudiantes —de 95 % y 85 % respectivamente—, se ajustaron a los estándares internacionales de PISA.

La edición 2025 introdujo, además, un cambio relevante en la aplicación: por primera vez, el 70 % de los centros realizó la evaluación en línea. En el 30 % restante se utilizó una modalidad offline debido a condiciones de conectividad insuficientes.

¿Qué implicancias plantean los resultados de PISA 2025?

Para comprender el alcance de los resultados de PISA 2025, es necesario ir más allá de la comparación puntual de datos y de su eventual atribución a determinadas acciones de política educativa, siempre sujetas a controversia y a una evaluación de largo plazo.

En ese contexto, interesa analizar algunas de las implicancias globales y regionales de PISA 2025. En particular, aquellas vinculadas con la formación de las nuevas generaciones, que pueden organizarse en cinco claves:

1. Alfabetizaciones fundacionales

Un primer apunte radica en tomar conciencia de que los resultados de PISA en el 2025, en las áreas de lectura, ciencias y matemáticas, son los peores registrados desde la primera aplicación de las pruebas en los 2000.

Estudiantes en un salón de clase

Con las salvaguardias y precauciones debidas, se estaría ante la generación más débil y vulnerable en adquirir lo que se conocen como alfabetizaciones fundacionales. Estas constituyen el cimiento para el desarrollo de otras competencias —por ejemplo, ciudadanas y digitales— y la condición sine qua non para gozar de autonomía de pensamiento y acción.

Este estado de alerta mundial refuerza la convicción de que la educación tendría que ser la prioridad de las políticas públicas y de la cooperación internacional, aunque no es el caso hoy en día.

PISA se ha constituido en un laboratorio mundial de análisis y contraste de tendencias, enfoques, estrategias y prácticas.

2. Deterioro en lectura

Una segunda cuestión es el deterioro registrado en lectura. Entre 2015 y 2025, el puntaje promedio disminuyó 28 puntos entre los países de la OCDE, y 16 puntos entre los restantes participantes.

Asimismo, se constata un incremento de los lectores apresurados: pasaron de representar el 7 % en 2018, al 11 % en 2025 en el conjunto de los países. Se trata de estudiantes que recorren rápidamente los textos y responden con rapidez, pero de manera incorrecta.

La caída del desempeño en lectura constituye una tendencia universal, que es común a diferentes regiones del mundo. Como señala la especialista en neurociencias de la lectura Maryanne Wolf, resulta esencial preservar las capacidades asociadas con una lectura profunda en los jóvenes, especialmente en un entorno cada vez más atravesado por pantallas y estímulos digitales.

Es que la competencia lectora no consiste solamente en decodificar palabras. Leer de manera atenta, contrastar fuentes y evaluar argumentos son capacidades relevantes para desenvolverse frente a la desinformación, la polarización y otras formas de manipulación informativa.

3. Geografía educativa en transformación

Un tercer aspecto surge de observar los resultados desde una perspectiva internacional. Los sistemas educativos de alto desempeño ya no pueden interpretarse exclusivamente mediante la tradicional división entre países del Norte y del Sur, o entre economías desarrolladas y en desarrollo.

Manos de estudiantes escribiendo en cuadernos
PISA 2025 muestra una presencia destacada de sistemas educativos asiáticos entre los de mejor desempeño. Al analizar el indicador de lectura, seis de los diez países mejor ranqueados son asiáticos: Singapur, cuatro jurisdicciones de China, Taiwán, Japón, Macao (China) y Corea.

Los sistemas educativos y economías de estos países son diferentes, y responden a contextos políticos, sociales y culturales diversos. Por eso, sus resultados no justifican la idea de que exista un único modelo educativo global que otros países deberían reproducir.

No obstante, entre los sistemas de alto desempeño aparece un elemento común: un claro sentido pedagógico y una fuerte valoración de los educadores, junto con una articulación de la enseñanza, el aprendizaje y la evaluación orientada al desarrollo de las alfabetizaciones fundacionales en las nuevas generaciones.

4. El papel de la inteligencia artificial en la educación

Un cuarto apunte reafirma la relevancia de contar con propuestas educativas sólidas, sustentadas en un uso pedagógico, pautado y moderado de la inteligencia artificial generativa.

Si bien PISA no ofrece una respuesta definitiva acerca de si estas herramientas mejoran o no los aprendizajes, una primera aproximación indicaría que los estudiantes que emplean chatbots logran resultados más bajos que aquellos que no los utilizan.

La exposición y tentación creciente a usar acríticamente las respuestas de la inteligencia artificial puede llevar a un peligroso camino de delegación y sedentarismo cognitivo. Por eso, su uso debería plantearse de manera que exija al estudiante reflexionar, preguntar, indagar y experimentar y, en definitiva, contribuya al desarrollo de un pensamiento autónomo, crítico, propositivo, ético y orientado al futuro.

Manos con iconos que refieren a inteligencia artificial por encima
No se trata de descartar la inteligencia artificial, sino de entenderla como una socia minoritaria de la inteligencia humana, capaz de contribuir a potenciarla.

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5.  América Latina y el desafío de reducir las brechas

Un quinto aspecto es que América Latina continúa ubicándose en los niveles más bajos de desempeño, con una marcada heterogeneidad entre países y entre distintos estratos socioeconómicos. Y la brecha respecto a los países de Europa y América del Norte sigue siendo fuerte, aunque tiende a acortarse.

Particularmente, haciendo foco en los resultados obtenidos en ciencias, es posible destacar cuatro ideas:

  1. la distancia entre el país con mayor desempeño y el de menor desempeño —Uruguay y Guatemala, respectivamente— es de casi 100 puntos, equivalentes a cuatro años de escolaridad;
  2. la región se encuentra cuatro años de escolaridad por debajo del promedio de la OCDE;
  3. la diferencia de puntaje entre los grupos socialmente más aventajados y los menos aventajados es de 80 puntos, equivalente a alrededor de cuatro años de escolaridad;
  4. los resultados obtenidos, también en matemática, son inferiores a los esperados en función del nivel de inversión y gasto realizado por los países, según un informe del BID.

Algunas pistas e interrogantes

En su conjunto, los resultados de PISA pueden ser leídos a la luz de tendencias de larga duración sobre las condiciones de formación y socialización de las nuevas generaciones. Se estaría ante un cambio de proporciones en la geopolítica educativa y de consolidación del predominio de algunos países asiáticos en formar mejor a las nuevas generaciones.

Asimismo, cabría preguntarse sobre la emergencia de nuevas élites de alta calificación, que podrían marcar el rumbo del mundo en el futuro. Por ejemplo, uno de cada dos estudiantes de las cuatro jurisdicciones de China se encuentra en la escala más alta de desempeño, ya sea de lectura, ciencias o matemáticas, y cuatro de cada diez en Singapur.

Entre los países de la OCDE, la relación es solo uno de cada diez estudiantes, mientras que los valores más altos en América Latina y el Caribe se registran en Uruguay y Chile, donde tres de cada 100 estudiantes logran un desempeño de excelencia.

Estas diferencias abren una pregunta de mayor alcance: ¿qué implicancias puede tener, para las sociedades del futuro, una distribución tan desigual de las capacidades y los niveles de formación? No se trata solamente de observar quiénes obtienen mejores resultados, sino de considerar cómo esas capacidades pueden contribuir al desarrollo de sociedades democráticas, inclusivas y comprometidas con los derechos humanos.

Estudiantes en un aula

Los sistemas educativos enfrentan, en este sentido, un desafío que trasciende los resultados de una evaluación. Se trata de generar condiciones para que las nuevas generaciones puedan desarrollar su inteligencia, fortalecer la lectura y el pensamiento autónomo, preservar la singularidad humana y utilizar las tecnologías de manera orientada al bien común.

Concretamente, América Latina enfrenta este desafío desde una situación particularmente compleja. La región mantiene importantes niveles de heterogeneidad y vulnerabilidad, aunque también presenta algunos signos de mejora. De los 13 países participantes de PISA, uno de cada dos estudiantes no alcanza simultáneamente los niveles mínimos de suficiencia en lectura, ciencias y matemática.

Reducir estas brechas constituye una condición relevante para avanzar de manera sostenida en equidad, inclusión, desarrollo y participación ciudadana.

Sobre el autor

Mag. Renato Opertti

Renato OperttiEs Sociólogo, egresado de la Universidad de la República (Uruguay), y Master en Investigación Educativa (Programa CIEP-Uruguay / IDRC - Canadá).

Desarrolla tareas como consultor de gobiernos, organismos internacionales, instituciones públicas y privadas en diversas regiones del mundo, además de ser conferencista internacional y profesor en políticas educativas e inclusión educativa.

Su ámbito de actuación en educación abarca más de 80 países en diferentes regiones del mundo. Es autor de numerosas publicaciones en varias lenguas sobre políticas sociales, sistemas educativos, educación, currículo, modos educativos híbridos, aprendizajes e inclusión.

Fue miembro fundador de la Asociación Civil EDUY21. Hoy en día, es el presidente del Consejo Asesor de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), forma parte de la Coalición Latinoamericana de la Excelencia Docente, e integra el think tank ÁGORA.

Asimismo, se desempeña como asesor en proyectos internacionales del Instituto de Educación de la Universidad ORT Uruguay.

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