Investigación

Inclusión educativa: ¿una realidad imposible?

Fecha: 13/03/2018

Hagan lo que hagan, ¿los estudiantes más vulnerables desde el punto de vista socioeducativo van a fracasar? Sí, según la opinión de directores y maestros pertenecientes a las escuelas APRENDER (Atención Prioritaria en Entornos con Dificultades Estructurales Relativas).

Esa es una de las conclusiones a las que Margarita Romero llegó, en su tesis doctoral “Entre el mandato inclusor y la realidad: incidencia de las representaciones sociales de los docentes en la construcción de culturas inclusivas”.

Romero –quien actualmente se desempeña como directora de Planeamiento y Evaluación Educativa del Consejo de Educación Secundaria– se propuso analizar las creencias y representaciones sociales que los docentes del programa APRENDER forman sobre las posibilidades de aprendizaje de sus alumnos. También quiso conocer qué potencialidades ofrece la organización escolar y qué tan eficiente es para educar niños con dificultades socioeducativas.

¿No se puede?

“Los alumnos no van a aprender”, aseguran tanto maestros como directores de las escuelas APRENDER: un programa de inclusión educativa que se empezó a implementar en Uruguay, en 2011. Atiende a los niños más vulnerables y, como indica su página web, su propósito es “garantizar la permanencia de las trayectorias educativas” y “lograr aprendizajes de calidad”.

A pesar de que los maestros suelen pensar que pueden enseñarles, la idea cambia con el tiempo, cuando los conocen y ahondan en sus representaciones. Las bajas competencias comunicativas, expresivas y de razonamiento que presentan, son algunas de las causas que encuentran para decir que sus alumnos van a fracasar.

Sienten impotencia y soledad. Los docentes consideran que el apoyo externo, de recursos y técnicos son “insuficientes” y no tienen herramientas para trabajar con la alta complejidad de los estudiantes.

Pero las razones que brindan siempre son exógenas. De acuerdo con Romero, en los directores y maestros no encontró un análisis acerca de cuál fue su papel y el de la institución en los aprendizajes.

Un futuro poco optimista

Además de mostrar una representación desfavorable acerca de las potencialidades de aprendizaje de los niños más vulnerables, Romero halló, por parte de los actores que estudió, una “escasa confianza” sobre la inclusión de los más desfavorecidos.

La conclusión la extrajo luego de analizar una muestra de 10 escuelas APRENDER –de las 271 que había en 2012–. Cinco de Montevideo y cinco del interior del país. Asimismo, realizó un análisis documental, entrevistas semi-estructuradas y en profundidad, así como observaciones de clase.

Si bien los directores y maestros están “muy de acuerdo” sobre los objetivos que propone el programa APRENDER –y consideran el “horizonte a seguir”–, sienten que son inalcanzables, debido a que son “amplios y ambiciosos”. De hecho, los maestros no creen que sus escuelas sean inclusoras, sino que las definen como “asistencialistas y contenedoras”.

Tampoco tienen expectativas sobre el futuro de esos niños: “Piensan que no van a tener ninguna posibilidad, en tanto van a ir a liceos que no son ni medianamente contenedores como los centros a los que asisten ahora”. La fragmentación de la currícula, la menor formación docente y la cultura de las instituciones de educación secundaria, son algunos de los factores en los que se basan para realizar sus afirmaciones.

Defensa de tesis doctoral de Margarita Romero - Marzo 2018

Cómo cambiar la realidad: algunas sugerencias

“Es evidente que ha faltado un diálogo entre la formación docente y el tipo de estudiantes que atienden las escuelas APRENDER”, afirmó Romero, quien agregó que los cursos de desarrollo profesional no son lo “suficientemente contextualizados y situados”.

Se mostró preocupada por la ausencia de confianza de los maestros. También porque observó que no se visualizan como parte de la transformación y dado que, si bien en el discurso son innovadores, las prácticas predominantes siguen siendo muy tradicionales.

Para ella, no son necesarias grandes decisiones, sino “aventurarse y confiar”. “Se puede transformar el aula con la estructura y los contenidos curriculares que tenemos, en la medida en que haya un trabajo distribuido, una reflexión y un empleo del tiempo disponible, para implementar estrategias concretas, basadas en la sencillez”, concluyó.

De Magíster a Doctora

Margarita Romero se convirtió en Doctora en Educación, luego de defender su tesis doctoral, el jueves 1º de marzo de 2018, en el auditorio del Campus Centro.

La Dra. Denise Vaillant –secretaria académica del Instituto de Educación–, el Dr. Jesús Manso –profesor visitante del Instituto de Educación– y el Dr. Gustavo De Armas –especialista en Políticas Sociales en Unicef– fueron los miembros del tribunal. La Dra. María Ester Mancebo se desempeñó como directora de tesis.