Embarazo y deserción

Hacia el diálogo entre la escuela y la sociedad

Graduadas del Master en Gestión Educativa publicaron el libro Luces y sombras... padres e hijos a la escuela.

Fecha: 24/10/2017

Todo comenzó cuando la docente Verónica Dentone –supervisora del Consejo de Educación Inicial y Primaria– y la maestra Zózima González –directora general del Colegio Jean Piaget (Montevideo)– cursaron el Master en Gestión Educativa de la Universidad ORT Uruguay.

Para la obtención del título debían realizar una investigación y un plan de mejora. Las dos analizaron la situación educativa y constataron que el abandono de los estudios se mantiene en la enseñanza media. También que los embarazos adolescentes son una de las causas.

Ese fue el puntapié para escribir el libro Luces y sombras... padres e hijos a la escuela, que se presentó el martes 3 de octubre, en el auditorio del Campus Pocitos de la Universidad ORT Uruguay.

González explicó los principales hallazgos de su investigación, así como cuáles son las principales causas y soluciones.

El abandono y sus causas

En promedio, cerca del 37 % de los adolescentes latinoamericanos de entre 15 y 19 años de edad abandonan sus estudios. Casi la mitad de los que desertan lo hace antes de completar la educación primaria.

Las causas pueden ser variadas. Puede deberse a que el joven no le encuentra utilidad a realizar un año más de educación, por ejemplo. El género, el entorno sociocultural y la trayectoria escolar previa son algunos de los factores que influyen.

“En este siglo, donde cada día se demandan mayores niveles de formación y conocimiento para permanecer en el mundo laboral, la deserción es un problema a revertir”, sentenció González.

De acuerdo con ella, la “magnitud de la deserción educativa es un indicador de la inequidad e ineficacia de los sistemas educativos para dar respuesta a las demandas”.

Las consecuencias

El mayor problema que enfrenta el país, con respecto a la situación de niñas y adolescentes embarazadas, según la maestra, es “la pérdida del capital humano y social”, ya que “la situación de vulnerabilidad y pobreza de esas mujeres se verá repetida en sus hijos”.

Exclusión social, repetición, abandono escolar, falta de herramientas intelectuales y de capacitación para acceder al mercado de trabajo son algunas de las consecuencias posibles tras el embarazo adolescente.

Por esa razón, para ella, aproximarse al fenómeno “es un compromiso de toda la sociedad”.

Embarazo y educación

“Las niñas cambian muñecas por hijos y, en su mayoría, no saben qué hacer con ellos, no reciben apoyos familiares ni institucionales”, aseguró González.

Además, a través de su investigación, la autora llegó a la conclusión que la mayoría de las estudiantes con hijos abandonaron sus estudios antes del embarazo.

Si bien los sistemas de cuidado “ofrecen algunas soluciones y apoyos”, la información “no llega a ese público objetivo” y, por lo tanto, “desconocen sus posibilidades”.

De todas formas, recalcó “el valor que tienen los hijos para estos grupos de madres y la herramienta de retención estudiantil que puede significar un centro de educación en primera infancia”. Ese fue uno de los grandes hallazgos en la investigación, según González.

A su vez, agregó que, con el propósito de que sus hijos estén atendidos y reciban educación, “las madres continúan estudiando e inscribiéndose en diversos cursos”.

Algunas soluciones

“El sistema educativo, ha hecho múltiples intentos de mejora, que no han resultado suficientes para superar las dificultades que se siguen planteando”, manifestó González.

Un fluido diálogo entre la escuela y la sociedad, sensibilización –para que la población participe activamente en los procesos de cambio–, el abandono de estructuras educativas rígidas, coordinación entre los actores de la salud y de la educación –de forma de favorecer acciones educativas de prevención de embarazo adolescente– son algunas de las posibles soluciones.

La flexibilidad, en sus palabras, es fundamental. Ya sea en cuanto a la extensión de los horarios de clase o en lo que refiere a la articulación entre instituciones de enseñanza media y de primera infancia para que los estudiantes “tengan resuelta la atención de sus hijos mientras asisten a clase”. A su entender, son “soluciones posibles y alcanzables”.

“El desafío del siglo XXI es el reconocimiento de la diversidad, y a partir de las desigualdades promover, desde la educación, el mayor nivel posible y deseable para cada ciudadano”, finalizó.

Luces y sombras... padres e hijos a la escuela, a juicio de González, se trata de “una mirada comprometida, respetuosa y profesional de un problema que pide a gritos ser atendido”.